miércoles, mayo 03, 2006




Las satisfacciones de un blog (y 6)

Pero sin ningún género de dudas la gran satisfacción te la provocan los que te leen. Tanto los que comentan como los que callan consiguen que tu blog esté vivo. Nunca he entendido a los que mantienen que escriben para ellos, porque nunca ha sido mi caso. Siempre escribí para ser leída y, por eso, estoy sumamente agradecida a todos los que me visitan.
Pero con los blogs ocurre a veces como con las visitas a los museos. Pasado un tiempo prudencial todos los cuadros te parecen lo mismo, e incluso aquellos que deseabas fervientemente ver pasan por delante de tus ojos sin causarte apenas impresión. Y entonces te das cuenta de que lo mejor es salir a la calle, sentarte en una terraza y tomarte un aperitivo, mientras ves pasar a la gente y te da el sol en la cara.

Que seáis felices. Muy felices.




lunes, abril 17, 2006




Las satisfacciones de un blog (5)

Otra de las gracias de tener un blog es la posibilidad de celebrar de nuevo cumpleaños de una cifra. Es como si de pronto volvieras a nacer y te encontraras con que sólo cumples dos años, como es mi caso. Y te emocionan las felicitaciones que recibes, claro que sí, y te sientes una mayor, y te sorprendes de que haga más de setecientos días desde que escribiste el primer post... y sonríes.




martes, abril 04, 2006




Las (in)satisfacciones de un blog (4)

Llevo varios días pensando en las cosas negativas de los blogs y no se me ocurre casi nada digno de reseñar. Aparte de tener que soportar las visitas de algunos impertinentes y maleducados comentaristas que olvidan que les estás ofreciendo tu casa o la circunstancia de que los libros en tu mesilla de noche empiezan a ser una torre cada vez más inestable, pensaba que poco había más que contar.
Pero sí, tener un blog tiene un inconveniente que hay que valorar antes de sentarse a crear uno. Y luego no digáis que no os avisé. Tener un blog perjudica gravemente la línea. Vamos, que engorda.




jueves, marzo 30, 2006




Las satisfacciones de un blog (3)

Otra de las gracias de un blog es que cuando te cansas de escribir todos los días puedes echar mano de un colaborador. En mi caso no se puede decir que me durara mucho, pero sí que todos sus posts fueron tan fantásticos como éste:

Los lunes con Mr. Peep

"Soy un vestigio del pasado". Eso me he dicho esta mañana al mirarme al espejo mientras me afeitaba. No quería decirme con eso que esté envejecido, pensaba más bien en mi relación con Bo. A ver, ¿quién mete hoy en día a un tío en su casa para toda la vida? Es como comprar o hacer leasing. Mejor el leasing, claro.
Para mí que el secreto está en que nos hemos organizado como el Gobierno: uno, unas carteras; otro, otras. Así, Bo lleva todo lo que es Economía y Hacienda, Sanidad, Educación y Turismo; yo me encargo de Trasportes (más que nada ir a recoger al niño cuando tiene cumple), Investigación y Desarrollo (o sea, resetear el ordenador cuando se bloquea), Defensa (cerrar la puerta y la ventanas por las noches) y Fomento (por la chapuzas caseras). No sé, creo que Bo no se lo ha pensado bien: con un buen seguro hogar tendría eso y mucho más.




jueves, marzo 23, 2006




Las satisfacciones de un blog (2)

Otro de los encantos de un blog es que un día abres el periódico que lees a diario y te encuentras con una reseña como esta:

LA SEDUCCIÓN POR LA CABEZA
Josep M. Sarriegui - El País, 21-10-2004

Chica con Falda Roja, aunque se vale del equívoco como gancho, no es una bitácora dedicada a picardías de vuelo bajo. Al contrario, pertenece al género, tan en boga, de la literatura hecha por mujeres, tomando su autobiografía como material para la escritura y la reflexión.
Su creadora prefiere mantener el anonimato. "Detrás de esa falda hay una economista madrileña que trabaja en consultoría" es la máxima confesión que se le arranca a través del correo electrónico. Reconoce, no obstante, que la seducción es su terreno preferido ("satisface mi vena exhibicionista"). La seducción, eso sí, por la inteligencia.
La autora reitera que nada le atrae más que una cabeza bien amueblada. "Alguien decía que las cosas no son como son, sino como se cuentan; al ver mis recuerdos en la Red tengo la sensación de que se habla de otra, no de mí, por eso entiendo perfectamente la insistencia de los que me visitan por asegurarse de que son ciertas las historias que cuento", reconoce la artífice de un cuaderno de bitácora que acaba de cumplir seis meses en la Red.
En el blog narra sus peripecias de mujer casada y asalariada, apasionada por la literatura (sobre todo la erótica), que ha recorrido el trayecto emancipatorio del pueblo pequeño a la gran urbe. Nos deja ver su vida por una rendija y también acude a recuerdos antiguos con los que traba una reflexión. Su historia atrae por ser la del empeño de tantas mujeres que consiguieron escapar de una vida demasiado estrecha. Bo Peep es su seudónimo. "Al principio", comenta, "se hizo acompañar por Dominique para conjurar los miedos de los primeros días, pero hace tiempo que la dejé sola".




martes, marzo 21, 2006




Las satisfacciones de un blog (1)

Cuando hace dos años descubrí la blogosfera no paraba de preguntarme qué tenía esto para enganchar a la gente con tanta facilidad. Ahora ya sé algo de esto. Una de las mayores gratificaciones está en la posibilidad de que tengas un día tonto, te sientes frente al ordenador y te salga un post como este.

Mi adicción a la letra impresa me ha proporcionado muchas satisfacciones y algún contratiempo. Uno de los problemas de pasar horas enfrascada en la lectura es que acabas citando a diestro y siniestro y la gente se mosquea; en medio de una conversación aludes a Bernhard, a Amis o a Canetti y te miran pensando, hay que joderse lo pedante que es esta tía. Y lo peor es que tú lo haces con naturalidad: simplemente hablas de la gente que frecuentas.
Un día, harta de aguantar esos comentarios, me puse a darle vueltas y no tardé mucho en encontrar una solución. Desde entonces nada de citar a autores de culto, ahora todo queda en casa. Ya no digo que estoy de acuerdo con Chejov cuando afirmaba que "si le tienes miedo a la soledad, no te cases". No. Ahora digo:
- "Como suele decir mi padre, si le tienes miedo a la soledad..." (aunque también pongo en boca de mi padre a otros autores rusos).
- "Si ya lo decía mi madre..." (aunque quien lo haya dicho sea la Duras, la Lessing o cualquier otra autora que esté leyendo en esos momentos).
- "En mi familia siempre lo han dicho..." (y me apoyo en el novelista del XIX que me apetezca).
- "Mi hermana la pequeña siempre me dice que..." (y aquí entran casi todos los cuentistas norteamericanos).
- "Mi hermana la mayor siempre mantiene que..." (suelo utilizarla para Marías, Vila-Matas y similares).
- "Mi tía, la modista, me repite continuamente que..." (y acudo a los escritores alemanes de entreguerras).
Hasta ahora nunca había tenido problemas. Nadie se sorprendía de que tuviera una familia tan ingeniosa. Lo malo es que he terminado haciéndolo también en casa de mis padres. Y empiezan a mirarse como extraños.




martes, marzo 14, 2006




Siempre me ha gustado el cine de autor. Por eso siempre me fijo en quien dirige la peli a la hora de decidir verla o no. Una película de Rohmer siempre será para mí una película de Rohmer y ,hasta incluso teniendo un mal día ese director, siempre habrá algo en lo que cuenta que me interese. El asunto de los actores, sin embargo, me resulta secundario. Me puedo alegrar al ver entre el reparto a Kevin Spacey, por ejemplo, pero nunca voy a ir a ver una película simplemente porque trabaje él.
Y si os cuento esto ahora es porque por fin, y después de mucho cavilar, creo que puedo responder al que me preguntaba por correo sobre si yo creía que el tamaño importaba. Aunque antes de nada tengo que aclarar que quizás mi corresponsal y yo estemos hablando de cosas distintas, porque os confieso que a mí en cuestiones de sexo el órgano que más me ha interesado siempre ha sido el cerebro. Y por supuesto que en este caso su tamaño sí importa. Y mucho.